CPC - 5ª Jornada: Desde Corgo... (2)

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CPC - 5ª Jornada: Desde Corgo... (2)

Notapor Resentido » Mar Nov 01, 2016 8:00 am



El tramo siguiente propicia mis cantos fadistas...

“Oh tempo, volta para trás,
mata as minhas esperanças vãs,
vê que até o proprio sol
volta todas as manhãs...”

A la altura de un lugar identificado como FACHA paso junto a una pequeña capilla, y decido hacerme un selfie, que reproduzco aquí a continuación...


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Atravieso algún pequeño núcleo de casas, con un monte que arde a mi derecha en el sentido de la marcha. Llego enseguida a la carretera N-203, y como allí mismo en el cruce veo un bar, entro a refrescarme.

Dejo los trastos en un rincón junto a una mesa vacía. Hay bastante gente, y tengo que esperar un poco hasta que el dueño puede servirme un refresco. Veo entonces a varios peregrinos en otra mesa, no los identifico como ningún grupo anterior. Cuando apenas llevo escasos minutos... ¡horror!... el dueño, ahora más liberado, blande un sello y se dirige a los peregrinos anunciando que ya pueden pasar a sellar las credenciales. Engullo mi refresco a toda prisa y salgo por piernas, son verdaderamente pesados con los sellos.

Unos metros más adelante el Caminho se separa de la carretera nacional y discurre por una mucho menos transitada pista secundaria. Lástima de niebla, porque aquí el Caminho pasa muy cerca del río Lima, otro río más de Portugal que recoge aguas nacidas en Galicia, allí como Limia. Tampoco distingo nada de la vistosa sierra en el otro margen. Se van sucediendo las pequeñas poblaciones de PEREIRA, PAÇO, PEDROSA, BARROS...


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Tras un pequeño puente, poco más adelante tengo ya a la vista el río Lima, y por la impresionante Avenida dos Plátanos entro en PONTE DE LIMA.


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A mitad de la larguísima avenida encuentro al Polski Team, no sé si ya he dicho que siempre me resulta curioso irse topando sorpresivamente con peregrinos conocidos, situación que nos suele producir una especie de alegría, como una constatación de que seguimos adelante. Me preguntan si sé a qué hora se abre el albergue, les digo que Fernanda me había comentado que a las cuatro.

Acabado el arbolado entro en una nueva avenida que discurre junto al río, separada por la arenosa ribera que se aprovecha como aparcamiento, en este momento bastante concurrido. Al otro lado de la calle queda el espectacular panel de azulejos de Jorge Colaço, titulado “Cabras são, senhor...”.


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A la entrada del puente que da nombre a la villa, y antes de cruzarlo, se encuentra el Largo de Camões. Acudo a la llamada de una de las terrazas en este mediodía soleado, me siento en una mesa a la sombra y pido una “Pedras Limão” para quitar el primer golpe de sed y un Porto branco de aperitivo para paladear tranquilamente después. El Porto branco me parece en general un vino exquisito, lo degusto con verdadero placer, y hace honor al célebre pensamiento de Pessoa:

“Boa é a vida, mas melhor é o vinho”

En Portugal, Ponte de Lima es sin duda una de las niñas de mis ojos. Entre debates de historiadores, tiene a gala ser la villa más antigua de Portugal; de hecho, parece que en alguna ocasión se le iba a conceder otro status (ciudad o lo que sea...), y prefirió mantener su denominación de villa por ese motivo. Muchas veces he estado sentado, como ahora, en esta plaza formada por armoniosos edificios, tomando algo y mirando la vida pasar.

Acabado el refrigerio, retrocedo un poco hasta el Posto de Turismo, donde me confirman que, en efecto, el albergue abre a las cuatro. Bien, es un buen momento para comer, y a ello decido entregarme. Una pequeña vuelta, y elijo la terraza de un pequeño restaurante interior, al borde mismo de uno de los paños de muralla que se conservan (que antiguamente rodeaba la villa al borde del río, y que en un momento dado proyectos urbanísticos hicieron que se demoliera casi en su totalidad). Tardan en traerme el salmão grelhado, pero la espera merece la pena, está sabrosísimo. Y qué decir del bolo de bolacha, delicioso. El café, en la línea habitual.


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Después de comer cruzo el puente. Son las tres y media, y ahora siento una nueva llamada. Acodado en el borde contemplo la playa fluvial habilitada y la gente bañándose. Bajo a la hierba, dejo los trastos allí y me meto al río. El baño es monumental y prolongado, el agua está fantástica. Durante el chapuzón veo una columna de humo procedente de una zona que se está quemando. Creo que es en la parte sur del río; hacia el norte, por donde continúa el Caminho, parece despejado de fuegos. Ya fuera del agua, espero un buen rato de pie y dando cortos paseos. Por una parte, para que se me vaya secando el bañador; y por otra, para esperar a que pase la primera avalancha de peregrinos que intuyo en el albergue...

Resentido
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